Curiosidades de la historia

La desaparición del cura de Ochate. Caso resuelto

(Artículo publicado en la revista Más Allá de la Ciencia de Febrero de 2012)

Durante casi treinta años, alrededor de Ochate se ha ido tejiendo un halo de misterio que abarca la práctica totalidad de la fenomenología paranormal. Ovnis, epidemias, apariciones, psicofonías, crímenes, fantasmas… en pocos lugares se acumulan tantos y tan variados enigmas, como en este pueblo abandonado.

Probablemente, la desaparición de personas, sea el tipo de suceso que más inquietud ha despertado entre quienes se acercan a este paraje. La mera posibilidad de que inexplicablemente, alguien pueda desvanecerse sin dejar rastro, hace inevitable que cierto temor embargue a quienes están a punto de acceder al despoblado.

Artículo de la revista Mundo Desconocido que dio lugar a la leyenda de Ochate

Artículo de la revista Mundo Desconocido que dio lugar a la leyenda de Ochate

Todo comenzó a raíz de la publicación en la mítica revista Mundo Desconocido, de un artículo escrito por Prudencio Muguruza. Tras haber dado a conocer previamente la fotografía de un OVNI en las inmediaciones, el por aquel entonces, telefonista de la Caja de Ahorros de Álava, sacaba a la luz una historia llena de incógnitas e infortunios que arrasaron la zona y exterminaron a sus habitantes una y otra vez, hasta acabar con todos ellos y hacer de la aldea un lugar inhabitable.

Poco tardo esta localidad treviñesa en ser conocida como “el pueblo maldito”, convirtiéndose en punto de peregrinación para los amantes del misterio, que aun hoy, siguen acampando en los alrededores de la torre del campanario, con la esperanza de presenciar algún suceso inexplicable.

Entre las historias mencionadas en dicho artículo, se encontraba la desaparición en 1868, del párroco del pueblo, don Antonio Villegas, mientras realizaba obras de reparaciones en algunas edificaciones.

Vecinos y la recién creada Guardia Civil, recorrieron la zona buscándolo en cada sima y barranco. Los rastreos se ampliaron a las cuevas que jalonan la ladera de la peña de Arrate, y que durante siglos habían sido utilizadas por bandoleros y malhechores, entre los que se hallaba en célebre Temiño. Pero las batidas resultaron infructuosas y nunca más se supo de él.

Este caso, ha sido sin duda, uno de los expedientes que ha acaparado más atención por parte de los investigadores, sin duda, por contar con una serie de datos concretos, como el nombre completo del implicado, la fecha del suceso, o la presencia de testigos durante el malogrado ascenso por la ladera que lleva a la ermita de Burgondo, momento en el que supuestamente se volatilizó. Además, se aseguraba que el Obispado de Vitoria, del que el sacerdote dependía, continuó enviando su sueldo durante 40 años, al no poder dar explicación a lo ocurrido.

Años después, el periodista Iker Jiménez, dedicó un capítulo completo de su libro Enigmas sin resolver (EDAF, 1999) a los misterios de Ochate, e inevitablemente, también mencionaba este caso.

Oleo realizado por Julio Corral Rodríguez

Oleo realizado por Julio Corral Rodríguez

Las indagaciones que realizó, le permitieron incluir nuevos datos, así como referencias a otras desapariciones y muertes acaecidas en el lugar y a las que no había sido posible encontrar una explicación razonable.

Nombres como el del agricultor F. Amestoy, que apareció carbonizado el 20 de Agosto de 1970 en el camino que lleva a Ochate, en un episodio de combustión espontánea, y la desaparición de Juan Paché, ese mismo día y a muy pocos kilómetros de distancia, se sumaron a la lista de incógnitas que rodean a la aldea. Ochate ya no solo era un lugar en el que ocurrían cosas extrañas, si no que también podía llegar a ser un lugar peligroso.

Nadie cuestionó el caso que nos incumbe hasta dos años después, cuando el cronista vitoriano, Enrique Echazarra escribió un artículo titulado Ochate, un pasado fraudulento, que el propio Iker Jiménez se encargó de divulgar.

Por primera vez, se dudaba de la veracidad de la historia de Antonio Villegas y abría un debate sobre el tema. La imposibilidad de Echazarra de localizar un solo documento en el Obispado y los Archivos Diocesanos, en el que se mencionase al menos, la existencia de esta persona, ponían en entredicho lo relatado hasta el momento.

Todo parecía apuntar a que en realidad, podría tratarse de una deformación surgida de una leyenda local. Los habitantes de los pueblos de los alrededores, contaban que el sonido ululante del viento al atravesar los edificios abandonados, eran en realidad los lamentos de un sacerdote y su criada que expiaban sus pecados en el purgatorio. La transmisión oral y un poco de imaginación, habrían hecho el resto, hasta llegar a nuestros días como un suceso verídico.

Fotografía antigua de la iglesia de San Miguel de Ochate

Fotografía antigua de la iglesia de San Miguel de Ochate

Durante la investigación que junto a Antonio Arroyo, realizaba para la preparación del libro Ochate. Realidad y leyenda del pueblo maldito (Aguilar, 2007), tuvimos ocasión de consultar los libros de fábrica (documentación parroquial, principalmente contable) de la ermita de Burgondo y de la iglesia de San Miguel Arcángel, ambas ubicadas en Ochate. Para nuestra sorpresa, en estos legajos, actualmente depositados en el Archivo Diocesano de Vitoria-Gasteiz, el nombre de uno de los curas que aparecía, era precisamente Antonio Villegas González.

Las fechas, aunque no coincidían exactamente, si se aproximaban a las que se habían barajado hasta el momento. Entre los años 1863 y 1871, se pueden consultar una serie de anotaciones, algunas realizadas por el propio sacerdote, que verifican que fue uno de los clérigos que habían ejercido allí. No obstante, la cesión del cargo a otro sacerdote, parecía haberse realizado con normalidad.

Pese a no haber indicios que apuntase a alguna circunstancia extraña, se había podido confirmar su existencia, y esto nos impulsó a querer profundizar más.

Fue en al Archivo Catedralicio de Calahorra (La Rioja), donde encontramos unas cartas, escritas por el propio Villegas, así como por terceras personas. Estas, junto con otros documentos, como el legajo que sobre el sacerdote, aun se conservan, nos permitieron reconstruir la vida de este clérigo, y especialmente, los momentos previos a su desaparición.

Nacido el 10 de mayo de 1838 en Ligüerzana, una pequeña población de Palencia, tuvo la fortuna de poder de ir a estudiar gramática a Villa Carriedo (Cantabria), y literatura a Santander. Hablamos de una época en la que lo habitual era que los niños comenzasen a trabajar en el campo a muy temprana edad, y en el ámbito de una sociedad rural acosada por el hambre, donde la educación de un muchacho, no estaba entre las prioridades de las familias.

Tras su ingreso en al seminario, rápidamente empieza a destacar como un excelente alumno, permitiendo que a los 25 años, antes incluso de haber sido ordenado sacerdote, le ofrezcan la oportunidad de quedar a cargo de la parroquia de San Miguel Arcángel de Ochate como diacono transitorio, hasta terminar los estudios.

Aceptó esa empresa con agrado e ilusión, pero en su interior, mantenía la esperanza de regresar algún día a su pueblo natal, donde esperaba poder llegar a ejercer su ministerio.

Desgraciadamente, las circunstancias le obligaron a permanecer en Treviño, donde malvivía, más que subsistía, a costa de grandes sacrificios y mucho esfuerzo.

En varias ocasiones solicitó al Obispo el traslado. Escribió varias cartas que en ocasiones, llegaban a alcanzar tintes dramáticos, pero las solicitudes fueron rechazadas una y otra vez. Poco a poco, la desesperación empezó a adueñarse de él, no siendo capaz de encontrar una salida a la situación en la que se encontraba y que se iba haciendo cada día más desesperada.

En una carta fechada en Junio de 1870, afirmaba estar empeñado por una suma importante de dinero, y que los vecinos del pueblo no podían ayudarle más.

los más porque son pobres inquilinos y el otro que puede, porque en todo piensa menos en socorrer al párroco

En octubre de 1871, y acosado por las penurias, decidió desobedecer a sus superiores y abandona Ochate, refugiándose en Ligüerzana. El cura de este pueblo, se había ofrecido a acogerle y recomendarle, pero a la llegada de Villegas, el anciano sacerdote había fallecido, por lo que todas las esperanzas de poder quedarse definitivamente allí, a cargo de la parroquia de San Andrés, se desvanecieron.

El autor junto al pórtico de San Miguel de Ochate

El autor junto al pórtico de San Miguel de Ochate

Tras este acto de indisciplina, se hacia prácticamente imposible que el Obispado accediese a sus peticiones, pero aun así, se pone en contacto de nuevo con sus superiores, manifiestamente arrepentido y suplicando su perdón.

Sin esperar siquiera una respuesta, decidió entonces que jamás regresaría a Ochate, y se encaminó a buscar fortuna en otras tierras.

Casi un año después, reaparece en Montevideo. Allí, durante la cuarentena obligatoria tras el viaje en barco hacia Buenos Aires, había conocido a un obispo que le facilitó un empleo como pupilo.

Poco más se sabe hasta 1885. En ese momento, la madre de la criada que Antonio Villegas tenía mientras residió en Ochate, recibió una carta de su hija en la que le informa que se encuentra con el sacerdote en Brasil.

Siguiendo esta pista, las autoridades pudieron contactar con Facundo de Pinedo, amigo de Villegas, y a través de él, ubicarle en la localidad brasileña de Villa Santo Amaro.

Tiempo antes, ya se rumoreaba en Treviño que

Por allí está la moza con quien tanto dio que hablar y no será extraño que vaya en busca de ella

Acabó sus días como Vicario en el país sudamericano, y con él, el misterio de su extraña desaparición. En realidad, todo fue fruto de una situación económica desesperada, y quien sabe, si también de los amoríos y la pasión con su sirviente.

Pero Ochate, parece incapaz de desvelar un misterio sin sorprendernos con uno nuevo.

Como sabrán quienes hayan tenido ocasión de leer nuestro libro, la investigación realizada descartaba por completo la existencia de las fatídicas tres epidemias que asolaron el lugar.

Tras revisar las actas de defunción de todas las personas que murieron a finales del siglo XIX en el lugar, no aparece ni un solo caso de cólera, viruela, tifus, o cualquier otra enfermedad infecciosa.

Tampoco en los censos epidemiológicos de la época, que se conservan en el Hospital Santiago Apóstol de Vitoria-Gasteiz, y en los que se llevaba un registro exhaustivo de cualquier brote de enfermedades infecciosas, aparece referencia alguna que afecte a este pueblo. Oficialmente, ni una sola persona había fallecido o enfermado por estas causas en Ochate.

Por eso, fue sorprendente encontrar en una de las cartas que el Vicario de Treviño escribió a su Obispo, y en la que hablaba sobre Antonio Villegas, un párrafo en el que podemos leer lo siguiente:

… abandonando la parroquia cuando más necesario era, pues antes de marcharse murió de viruela una muchacha de 19 años y un mozo de 26, quedando atrás otros vecinos con la misma enfermedad.

Imagen del campanario de la iglesia de Ochate

Imagen del campanario de la iglesia de Ochate

No se puede afirmar que esto llevase al despoblamiento de Ochate, pero viene a confirmar, que a pesar de la ausencia de registros oficiales, es posible que la pandemia asolase la localidad tal y como la tradición se había encargado de transmitirnos, y que la leyenda del “pueblo maldito” tenga más fundamentos que los que hasta ahora, se había podido constatar documentalmente.

A día de hoy, Ochate ha desaparecido prácticamente. Tan solo quedan los restos del campanario de la iglesia y apenas unas pocas piedras de lo que en su día fueron las casas de uno de los pueblos más importantes de la zona, pero seguramente, cuanto más profundicemos en su historia y en la de sus habitantes, se podrán ir desvelando algunos de sus misterios, y a la vez, surgirán nuevas incógnitas que harán que en el imaginario popular, nunca deje de ser el pueblo maldito.

Julio Corral San Román.

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