Fenomenos extraños

Hablemos de fantasmas

(Artículo publicado en la revista Dimensión Oculta de Noviembre de 2012)

Supongo que todos los aficionados al misterio nos hemos planteado alguna vez, como reaccionaríamos si nos encontrásemos un día frente a un fantasma.

Sin embargo, no quiero hablar en esta ocasión de situaciones puntuales como las que podemos haber imaginado alguna vez, si no de aquellas personas que deben convivir a diario con este tipo de entes incorpóreas.

A lo largo de mis investigaciones, he tenido ocasión de entrevistar, o mejor dicho, conversar, con gente que habitualmente tienen que enfrentarse a este tipo de circunstancias. La mayor parte de ellos han acabado siendo amigos míos, y con el tiempo, han sabido transmitirme sentimientos que no se pueden reflejar fácilmente en un texto.

El primer problema con el que nos encontramos es el de determinar si lo que viven es cierto o no. No dudo de ninguno de ellos, pero es inevitable que siempre quede alguna duda, ya que estos encuentros suelen ocurrir cuando estas personas están solas, y rara vez quedan pruebas de ello.

Pero lo de menos para mí, es si son encuentros auténticos o no. Puede que lo sean, o que se trate de la imaginación, de interpretaciones erróneas, de sugestión… y porque no decirlo, en algunos casos, de trastornos mentales sin diagnosticar.

No me parece importante, pues para estas personas, siempre será su realidad, y como tal debemos aceptarla.

Uno de los casos que más credibilidad me ha dado, es el de una mujer que convive con lo que ella denomina “su amigo”.

Las primeras visiones de esta persona fueron difíciles. Era una niña y la reacción, lógica, por otro lado, fue la de huir de él y refugiarse en la cama de sus padres muerta de miedo, negándose a regresar a su dormitorio.

Con el tiempo, fue capaz de acostumbrarse, llegando incluso a ser capaz de interpretar las miradas de aquel hombre, que jamás ha pronunciado palabra alguna, pero que le acompaña casi a diario.

Se da la circunstancia de que, cuando se independizó, “su amigo” se trasladó con ella, y aun hoy, continua apareciendo en alguna esquina de la casa, donde tan solo ella, su pequeña sobrina (otro día hablaremos de la capacidad de los niños para ver otras realidades que a nosotros se nos escapan) y sus gatos, son capaces de verle.

Me parece sorprendente la naturalidad con la que convive con ello, a pesar de que también haya tenido que enfrentarse a momentos de miedo y preocupación.

Uno de los casos más conocidos entre los aficionados al misterio, es el de “Andresito”, el niño fantasma de la delegación de hacienda de Vitoria-Gasteiz. Los fenómenos paranormales que se repiten con asiduidad, se producen en un área amplia, que incluye estamentos oficiales, domicilios particulares y comercios, y de los que han sido testigos decenas de personas.

Aquí podemos encontrarnos, por ejemplo, con vigilantes de seguridad que describen episodios tan traumáticos, que hay quien ha preferido perder su puesto de trabajo a tener que volver a pasar una noche allí, e incluso, se habla de alguna ocasión en la que han acabado haciendo uso de su arma.

En los comercios sin embargo, suele ser más habitual encontrar testimonios que hacen referencia a bromas que se describen como algo molesto, pero sin temor por parte de quienes las sufren.

Sin embargo, los testimonios más sorprendentes los podemos encontrar en los domicilios anexos a la delegación. Escuchar a señoras mayores hablar del fantasma de un niño que juega en el patio interior, con la naturalidad con la que hablarían del hijo de cualquier vecino, o que son capaces de tararear las canciones que le escuchan cantar, hace pensar que han llegado a aceptarlo como algo habitual.

Como podemos ver, las reacciones son de lo más diversas, y en ellas influye, no solo la predisposición de la persona, sino también al lugar, al momento y a muchas otras circunstancias que difícilmente podríamos llegar a controlar. Por ello, retomando el párrafo con el que comenzábamos, vuelvo a plantear la misma cuestión… ¿podemos estar seguros de que nuestra reacción sería la que habíamos pensado?

Julio Corral San Román.

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