Como cada día, el 106 iba prácticamente vacío.
Yo miraba el rápido paso de personas, edificios, farolas y árboles, como si de una película proyectada en la ventanilla se tratase.
El autobús se detuvo y un grupo de colegialas de uniforme subió estruendosamente, riendo y empujándose mutuamente para llegar a los asientos de atrás.
A punto estaban de cerrarse las puertas, cuando esa mujer apagó el cigarrillo de un pisotón y subió también.
El conductor la miró con expresión de impaciencia, como si esos segundos de más en la parada supusiesen un retraso en el recorrido, pero ella, segura de sí misma, permaneció impasible observando los asientos vacíos mientras decidía a cual dirigirse.
Una mujer mayor, que sujetaba el bolso temiendo que alguien se lo robase, mascullo un “¡Estos jóvenes…!” mientras su marido miraba lujuriosamente los muslos de la recién llegada, y un hombre trajeado continuaba leyendo el periódico ajeno a cuanto ocurría a su alrededor.
Se sentó frente a mí, se ajustó los auriculares y retomó la lectura de un libro que no alcancé a reconocer.
Continué mirando por la ventanilla, pero irremediablemente, mis ojos se desviaban una y otra vez para observarla con disimulo. Dudo que a ella le hubiese molestado que la mirase, pero mi temor era a las pocas personas que nos rodeaban y a las que probablemente no volviese a ver nunca más.
Cuatro paradas después, se puso en pié y pulsó el botón que había junto a ella, y una vez el autobús se detuvo, me miró por primera vez.
– Quizás mañana – Me dijo.
– Quizás mañana – Respondí mientras mi voz se ahogaba en una mezcla de melancolía y esperanza.
– ¿Hasta mañana entonces? Julio – Volvió a decir.
– Hasta mañana, Clara – Dije yo.
Y el conductor volvió a mirarla con expresión de impaciencia, mientras las colegialas seguían riendo. La mujer mayor mascullo una vez más “¡Estos jóvenes…!”, ignorando las miradas de su marido a los muslos de Clara, y el hombre trajeado seguía leyendo el periódico.
Volví a mirar por la ventanilla el paso de personas, edificios, farolas y árboles, mientras no dejada de repetirme una y otra vez “Quizás mañana… quizás mañana”

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